El Tribunal de Apelación de Nueva Zelanda dictó una sentencia histórica en un caso relativo a la relación contractual entre cuatro conductores de Uber y Uber. Una decisión como esta es fundamental porque existen ciertos derechos y obligaciones relacionados con los contratos de trabajo en comparación con ser contratista. Mientras que un contrato de trabajo incluye el salario mínimo, la jornada laboral, el derecho a vacaciones pagadas y otros derechos esenciales, un contratista no tiene estos derechos.

En este caso, la cuestión de la relación contractual es crucial, ya que determinar la situación de los trabajadores en la gig economy a veces puede ser complicado.

Hechos del caso y sentencia del tribunal

La pregunta principal en este caso era: ¿son los conductores de Uber empleados con arreglo a la legislación laboral de Nueva Zelanda? El caso se presentó inicialmente ante el Tribunal de Trabajo, que falló a favor de los cuatro conductores en 2022, declarando que los conductores de Uber eran empleados.

Uber, que opera a través de dos plataformas diferentes en Nueva Zelanda, Uber Rides y Uber Eats, recurrió esta decisión en 2023, y ahora el Tribunal de Apelación ha adoptado su decisión final. El Tribunal de Apelación rechazó el recurso de Uber, confirmando así la sentencia anterior del Tribunal de Trabajo y la condición de los trabajadores como empleados de Uber.

El Tribunal de Apelación determinó que, aunque el Acuerdo del Conductor firmado entre Uber y los conductores no constituía un contrato de trabajo, ciertos aspectos de los demás acuerdos escritos pueden calificarse de disposiciones de «fachada» (window-dressing).

En este caso, algunas disposiciones engañosas, como la posibilidad de que los conductores cobraran menos que la tarifa de viaje calculada por Uber o que los conductores tomaran sus propias decisiones de precios, no parecían lógicas o no eran ciertas.

Además, el Tribunal de Apelación determinó que el nivel de control de Uber sobre el uso de la aplicación por parte de los conductores se acercaba más a la relación laboral que a la del contratista. Por ejemplo, los conductores no podían rechazar reiteradamente las solicitudes de viaje, ya que ello provocaría su desconexión e incluso podría dar lugar a la rescisión del contrato.

Por último, el Tribunal de Apelación observó que los conductores son la cara de la marca Uber y están estrechamente integrados en las operaciones comerciales de Uber, a pesar de no llevar uniformes de Uber ni tener sus coches identificados como coches de Uber.

Conclusión

Aunque esta sentencia del tribunal se aplica únicamente a los cuatro conductores que fueron partes en este caso, decisiones como esta pueden tener un impacto sin precedentes en casos similares. Por ejemplo, 900 conductores de Uber en Nueva Zelanda que son miembros del First Union presentaron sus demandas sobre el mismo asunto.

Además, una sentencia como esta puede influir en la decisión del gobierno de regular más estos asuntos, proporcionar protección adicional a los trabajadores de la gig economy e imponer normas más estrictas a las plataformas digitales.

En última instancia, los tribunales y los gobiernos de otras partes del mundo podrían utilizar esta sentencia como orientación para cualquier decisión pendiente y emplear este caso como ejemplo de cómo regular y abordar situaciones similares.

Fuente: Sentencia del Tribunal de Apelación, Dentons