Un estudio realizado en el Reino Unido pone de relieve la creciente brecha de competencias, al constatar que alrededor del 20% de la fuerza laboral británica podría estar considerablemente infracualificada para sus puestos de trabajo de aquí a 2030. Otros datos muestran que aproximadamente una de cada diez ofertas de empleo exige ya al menos una competencia considerada «nueva», mientras que en las economías de mercados emergentes esa proporción es aproximadamente la mitad.

Cabe destacar que más del 50% de la demanda de nuevas competencias está vinculada a las TI, donde la IA cobra cada vez mayor importancia, lo que refleja el papel de la IA y las TI como tecnologías de propósito general que transforman múltiples sectores y no uno solo. Al mismo tiempo, las competencias específicas de cada sector, entre ellas las finanzas y la fiscalidad, también ganan importancia, lo que demuestra que la innovación no es únicamente digital, sino que también está ligada al conocimiento especializado del ámbito.

Esto plantea una pregunta crucial: ¿existe una brecha de competencias entre los profesionales fiscales y cómo cerrarla para que los equipos fiscales puedan adaptarse plenamente a las crecientes exigencias derivadas de la mayor complejidad normativa y de la digitalización de la administración tributaria?

Competencias esenciales que requieren los equipos fiscales modernos

Para determinar si existe la brecha y cómo abordarla, primero es necesario entender qué competencias esenciales requiere un profesional fiscal. En términos generales, estas competencias se agrupan en tres categorías: competencias técnicas, competencias digitales y competencias no técnicas o interpersonales.

Profundos conocimientos técnicos en materia fiscal

Ante todo, los profundos conocimientos técnicos en materia fiscal son y siguen siendo esenciales, sobre todo en áreas como el IVA, el impuesto sobre las ventas (sales tax), el GST, los precios de transferencia y los sistemas de comercio de derechos de emisión (ETS) en distintos sectores y jurisdicciones. Esto incluye un conocimiento experto de la elaboración y el análisis de informes financieros, así como la comprensión de las normas y reglamentaciones de la fiscalidad indirecta, tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo, esta experiencia por sí sola ya no basta y debe complementarse con sólidas capacidades digitales y de datos.

Alfabetización de datos

Cuando se habla de competencias en materia de datos, la IA suele ser la primera asociación, pero la alfabetización de datos abarca mucho más. Hoy en día, se espera cada vez más que los profesionales fiscales trabajen con grandes conjuntos de datos, automaticen procesos de cumplimiento repetitivos e interpreten los resultados de las plataformas de tecnología fiscal. Por ello, las competencias en analítica de datos, incluida la capacidad de utilizar herramientas como Power BI o el modelado avanzado en Excel, se están convirtiendo en expectativas estándar más que en ventajas de nicho.

Habilidades interpersonales y de comunicación

Una de las competencias no técnicas que cobra mayor importancia en el moderno entorno laboral impulsado por la tecnología son las habilidades interpersonales. En un mundo donde los datos están a un solo clic, comunicar cuestiones fiscales complejas con claridad a personas no especializadas, colaborar estrechamente con los equipos de TI y de finanzas y contribuir a la toma de decisiones estratégicas se han convertido en algunas de las tareas más importantes para los profesionales fiscales.

La brecha de competencias emergente y sus orígenes

A pesar de la creciente conciencia sobre cómo los equipos fiscales deben adaptarse a las nuevas formas en que opera la administración tributaria y en que los datos fiscales se analizan, interpretan y comunican a los organismos públicos, muchos equipos fiscales siguen funcionando con conjuntos de competencias arraigados en modelos tradicionales centrados en el cumplimiento. Existen varias razones por las que la brecha entre las capacidades actuales y las necesidades futuras sigue ampliándose.

Uno de los factores más evidentes que agravan la brecha de competencias es la lenta adaptación de los itinerarios de educación y formación profesional. La educación y la formación siguen centrándose principalmente en la interpretación jurídica y normativa, con una escasa exposición a la analítica de datos y a las herramientas de automatización. En consecuencia, los profesionales fiscales recién titulados suelen carecer de los conjuntos de competencias híbridas que exigen las funciones fiscales modernas.

Otra causa de fondo es el rápido ritmo del cambio tecnológico. Los gobiernos de todo el mundo están invirtiendo cuantiosos recursos en sistemas de declaración digital, mandatos de facturación electrónica y auditorías fiscales en tiempo real. Debido a los distintos enfoques a la hora de implantar estas tecnologías y requisitos de cumplimiento, los equipos fiscales deben responder con capacidades digitales igualmente avanzadas. Sin embargo, muchas organizaciones se muestran reticentes a invertir en la mejora de las competencias o en la adopción de tecnología.

El impacto empresarial de la brecha de competencias

Algunas de las consecuencias más relevantes de la brecha de competencias en los equipos fiscales incluyen ciclos de cumplimiento más lentos, una mayor dependencia de las hojas de cálculo y unos costes administrativos más elevados. No obstante, el impacto puede ser aún mayor si se analiza desde una perspectiva estratégica.

Por ejemplo, si una empresa está creciendo o entrando en un nuevo mercado, las carencias en competencias digitales y analíticas aumentan el riesgo de errores en la declaración, sobre todo a medida que las normativas se vuelven más complejas e intensivas en datos. Por otro lado, los profesionales fiscales con capacidades poco desarrolladas se mantienen en una actitud reactiva, centrándose principalmente en los plazos de cumplimiento en lugar de actuar de forma proactiva y extraer valor de los datos fiscales que tienen ante sí.

Por último, en el caso de las grandes empresas, la capacidad limitada de sus equipos fiscales puede traducirse en una dependencia excesiva de asesores externos, lo que puede incrementar los costes y reducir aún más la retención del conocimiento interno.

Cómo cerrar la brecha de competencias

Cerrar la brecha de competencias requiere un enfoque de múltiples niveles. Invertir en el desarrollo profesional de los miembros del equipo fiscal es uno de los pasos más importantes para formar un equipo capaz de adaptarse con rapidez a los regímenes fiscales modernos. Los profesionales fiscales que cuentan con una vía clara y estructurada para desarrollar la alfabetización digital, las capacidades de analítica de datos y la familiaridad con las herramientas de automatización están en mejor posición para mejorar sus competencias que quienes quedan a su suerte.

En cuanto a las herramientas de automatización, permitir que los miembros del equipo utilicen la IA podría parecer una solución sencilla para muchos de los problemas planteados. Pero la forma en que se introduce la IA importa tanto como la decisión de adoptarla. Un estudio reciente del MIT Media Lab demostró que la IA puede favorecer el aprendizaje y la creatividad de forma más eficaz cuando se utiliza después del pensamiento independiente y no como fuente inicial de generación de contenidos.

Esto subraya aún más la necesidad de fomentar y desarrollar la adaptabilidad, el pensamiento crítico, la resolución de problemas y el aprendizaje continuo entre los miembros de los equipos fiscales y los profesionales fiscales para reducir la brecha de competencias. Dicho de otro modo, el conocimiento especializado del ámbito y las habilidades interpersonales deben ir primero; las competencias digitales, y en particular la IA, se construyen sobre esa base en lugar de sustituirla.

Fuente: IMF, Grant Thornton, KPMG, MIT Media Lab, PwC, Deloitte