Tras varios meses relativamente tranquilos, el conflicto arancelario entre EE. UU. y Canadá parece entrar en un nuevo capítulo. Lo que debería haber sido una negociación para que dos países vecinos resolvieran sus diferencias en materia de comercio transfronterizo amenaza ahora con escalar hasta convertirse en una guerra arancelaria.

Antecedentes e impacto del conflicto

El 20 de julio de 2026, el presidente de EE. UU., Donald Trump, anunció aranceles adicionales del 50% sobre unos USD 20 mil millones de importaciones canadienses, invocando la Section 338 de la Tariff Act of 1930. Resulta especialmente llamativo porque esta disposición no se utilizaba desde hacía casi 100 años.

Los aranceles cubren una amplia gama de productos canadienses, incluidos vehículos de motor, alcohol, productos lácteos, cemento, muebles, piscinas, palos de hockey y pelucas. Los nuevos derechos debían entrar en vigor el 19 de agosto de 2026. Sin embargo, el 18 de agosto, el Gobierno de EE. UU. aplazó tres días la introducción de los aranceles adicionales sobre determinados bienes canadienses, mientras continúan las negociaciones comerciales entre ambos países.

Después de que ambas partes no llegaran a un acuerdo en la última reunión, el 21 de agosto, el conflicto amenaza con escalar hasta una guerra comercial en toda regla. El 25 de agosto, el Gobierno canadiense anunció que, a pesar de sus esfuerzos por alcanzar un acuerdo comercial integral, EE. UU. había propuesto recientemente condiciones demasiado exigentes y con beneficios insuficientes a cambio.

Como resultado, Canadá decidió suspender las negociaciones en lugar de aceptar un acuerdo que considera perjudicial para los trabajadores, las empresas y los sectores estratégicos canadienses. Tras la decisión de EE. UU. de imponer un arancel del 50% sobre CAD 27.6 mil millones de bienes canadienses a partir del 22 de agosto de 2026, Canadá ha anunciado una respuesta directa de represalia.

A partir del 8 de septiembre de 2026, Canadá impondrá contraaranceles del 15%, 25% o 50%, según el arancel estadounidense correspondiente al producto. Las medidas afectarán a aproximadamente CAD 27.6 mil millones en importaciones estadounidenses y se centrarán en los sectores especialmente afectados por los aranceles de EE. UU., como el acero, los productos lácteos, los electrodomésticos, la maquinaria agrícola, la pasta y el papel y la electrónica.

Conclusión

El paso de la negociación diplomática a las medidas de represalia directas marca un punto de inflexión preocupante en las relaciones comerciales entre EE. UU. y Canadá. A medida que ambos países aplican estructuras arancelarias agresivas, tanto las empresas como los consumidores se enfrentan a un periodo de gran incertidumbre económica que amenaza con alterar cadenas de suministro profundamente integradas. En definitiva, aunque el clima actual se define por la escalada, encontrar una vía de colaboración hacia la resolución sigue siendo fundamental para la estabilidad y la prosperidad a largo plazo de ambas economías.